La Fundación Sociedad Atea de Chile manifiesta su rechazo ante la participación oficial de políticos en la ceremonia del Te Deum este recién pasado 18 de septiembre, mostrando una vez más que ciertos grupos religiosos tienen influencia directa en las políticas de un Estado que debiese representar a todos sus ciudadanos sin privilegios especiales según creencia.

Ello no significa que queramos restringir la libertad de culto ni mucho menos eliminar el Te Deum, sino contextualizarlo como una ceremonia destinada a quienes compartan ese tipo de creencias y no como un acto estatal oficial, dado que, incluso con la intención de “ecumenismo”, ni siquiera logra ser representativo para todas las variantes de cristianismo ni mucho menos para el resto de chilenos que no se identifica con ninguna religión o tiene otros tipo de creencias, como las religiones de nuestros pueblos originarios.

Un Estado realmente laico se separa de las iglesias precisamente para asegurar que sus políticas se fundamenten desde el derecho, la ética, la ciencia, y no desde los dogmas personales, brindando así la más justa representación posible a sus ciudadanos, y ciertamente sin tener que recibir sumisamente sermones de algún párroco en contra de la homoparentalidad, la equidad de género y el derecho a autodeterminación, entre otros.

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