arthur-coyle1Todavía recuerdo el post del ‘cura del botox’, que se gastó la friolera de 85.000 dólares en operaciones de estética usando el cepillo de la parroquia, para tener una ‘cara celestial’. El protagonista de hoy es también un sacerdote, que invirtió mucho menos dinero en su ‘beneficio’ personal, pero que creo que supera con creces las andanzas del ‘multiarreglado’ William Blasingame.

Todo comenzó como una ‘noche de pasión’ y no precisamente de Semana Santa, y terminó con Arthur Coyle, un reconocido y admirado clérigo de la Archidiócesis de Boston, entre rejas. Tuvo el curioso deseo de tener relaciones sexuales con una prostituta en el cementerio de Lowell, Massachusetts. ¡¡¡Santa Madonna!!!

Cementerio de Lowell

El lugar de los hechos

El abate debió pensar que en un sitio tan tranquilo y discreto no sería descubierto. ¡¡¡Error!!! La policía de Lowell hace bien su trabajo y pilló a Coyle metiendo la nariz en el pastel (perdón por la metáfora, pero no he podido resistirme). Esposado y acompañado de la bella señorita, fue conducido a comisaría, donde pasó una noche en el calabozo y pagó una fianza de 500 dólares para poder salir de la cárcel. Ahora está a la espera de juicio por escándalo público y por haber solicitado los servicios de una meretriz (un delito en Massachusetts). ¿Será que los agentes del orden no entendieron lo que estaba haciendo? A lo mejor solo trataba de reconducir a la oveja descarriada. Eso sí, de una forma un poco rarita.

De momento, Coyle ha desaparecido de la vida pública y su Archidiócesis emitió un comunicado en el que indicaba su relevo inmediato del cargo eclesiástico que desempeñaba hasta la noche de autos, Prelado de Honor Superior, un puesto otorgado por el papa Benedicto XVI en diciembre de 2012, como premio a su gran labor pastoral.

Fuente: 20 minutos.es

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