Uno de los objetivos de la Fundacolegioscatción Sociedad Atea Chile es crear un espacio de encuentro y expresión de los no creyentes, ateos y librepensadores. Este espacio está compuesto por una gran diversidad de personas, las cuales nos hemos dado cuenta de un fenómeno preocupante.

En conversaciones con pares ateos, suelo oír comentarios y relatos sobre el tema de la discriminación y la exclusión hacia personas no creyentes, ateas y librepensadoras. Estos confiesan en privado que tienen desde conflictos familiares, por causa de familias que no aceptan a un miembro no creyente, hasta cosas más graves aún. Las historias van desde el rechazo y el repudio hasta el destierro. Hijos y padres que se enemistan, familias divididas, con graves consecuencias emocionales y patrimoniales, todo por causa de no aceptar diferencias de conciencia y creencias, o más aún  en que personas y familias completas consideren a otros credos y opciones de conciencia como enemigas.

En este alegato de exclusión en el ámbito personal, se sitúan también trabajadores de todo tipo: profesionales, obreros, técnicos, asalariados, que temen que los despidan de sus trabajos al ser reconocidos como ateos. Hemos recogido casos de personas que pertenecen a Sociedad Atea y a otras organizaciones librepensadoras, a las que recurren buscando un lugar de expresión y esparcimiento entre pares, pero les complica aparecer en nuestras actividades públicas por temor a que los descubran y terminen siendo perjudicados en el plano laboral por ser ateos.

Muchos son los casos de estudiantes que se han manifestado en sus establecimientos educacionales como personas no creyentes; ateos y librepensadores que terminan siendo discriminados por la escuela, colegio, liceo, instituto o universidad. Personalmente he escuchado casos en que ciertas universidades hacen la vida imposible a alumnos no creyentes y librepensadores, en especial en carreras humanistas como antropología, sociología y otras, que son parte del estudio del ser humano y de la sociedad.  Esto sumado a la discriminación laboral en cargos docentes y administrativos en colegios y universidades religiosas.

religion colegios 1Una causa importante de este acervo discriminatorio es el fomento que ejerce el Estado y la sociedad hacia las religiones organizadas (que son contrarias a la libertad y divergencia de conciencia y pensamiento) para que éstas se entrometan en la educación pública, la cual debería ser laica, como lo fue alguna vez en.

Un ejemplo de que el sistema educativo escolar chileno, que es la base cultural de la nación, es vulnerado por las religiones organizadas por medio de los centros educacionales confesionales particulares subvencionados reciben subsidio de parte del Estado a nivel escolar, técnico y universitario. Yendo mas lejos en el caso de las escuelas públicas y particulares subsidiarias, ya sean confesionales o no, se impone la religión “cristiana” como ramo obligatorio en la malla curricular. Aunque puede darse el caso de que la familia solicite al establecimiento que exima al alumno del ramo en cuestión si lo estiman conveniente (cosa que permite el decreto porque el ramo de religión no es evaluado académicamente), como resultado, el alumno eximido es apartado de la actividad religiosa sin una alternativa y termina perdiendo el tiempo en un rincón de la sala. Esto está estipulado en el “Decreto Supremo de Educación Nº 924 de 1983”. Además, en el Formulario de contenidos mínimos educacionales del Mineduc, en el apartado de religión, se señala que esta asignatura tiene como objetivo de enseñanza “Amar a Dios”. En el formulario no  dice nada acerca de que el alumno termine amando las matemáticas, la educación física o  el lenguaje. Este fomento al “amor a Dios” se da de parte de un Ministerio del Estado. Estado que debería ser laico y plural que al parecer en su forma no lo es.

Dicho sea de paso el ramo de religión es el único impuesto por un decreto por fuerza de ley durante el tiempo de la dictadura  de del general Agusto Pinochet. (Decreto 776 de 1977 *derrogado*) no hay un decreto especifico sobre la importancia de la enseñanza de las matemáticas o las ciencias naturales o sociales al margen de las reglamentaciones y formularios académicos.

Entendemos la escuela pública como el espacio público por excelencia, encargado de impartir el conocimiento que una sociedad necesita para iniciarse, crecer, desarrollarse y realizarse. Sin embargo, se impone en ella el adoctrinamiento religioso, religiones que pertenecen al ámbito privado que contradictoriamente es financiado por un Estado que dice ser laico, y en su forma no lo es con consecuencia de que la segregación y discriminación a la divergencia de conciencia se perpetúe a lo largo de generaciones de estudiantes que egresan del sistema educativo adoctrinados en la fe religiosa de preferencia.

religion colegios 2No estamos en contra de la enseñanza religiosa, pero nos oponemos con fuerza a que se impongan dogmas, creencias sin constatación y consolaciones intangibles en un sistema educacional que se basa en el metodo ciéntifico y el humanismo que nos pertenece a todos y que está amparado por un Estado que dice ser laico. Además, podemos agregar que no estamos en contra de la enseñanza de la religión mientras se haga de manera objetiva, dentro de los contenidos de las ciencias sociales y filosofía. Nosotros, los no creyentes, ateos y librepensadores, sí somos contrarios a que el ramo sea impartido subjetivamente por un activista religioso (sacerdote, pastor o “profesor” de religión en particular) sin enseñar puntos de comparación entre diversas religiones y filosofías sin competencia en la materia de historia de las religiones o mitologías comparadas con el solo objeto de impartir el adoctrinamiento de una creencia religiosa en particular en el aula pública.

Esto se puede extender a un hipotético recurso de inconstitucionalidad o la aplicación de las leyes antidiscriminación puesto que si somos todos iguales ante la ley entonces porqué hay espacios destinados en el aula pública que no obedece ese patrón, si las matemáticas y las ciencias sociales, por ejemplo, son para todos por igual entonces porqué se destina tiempo y recursos escasos en sustentar un espacio a un ramo optativo que no precisamente defiende los valores de igualdad ante la ley puesto que incita a la discriminación y la segregación de quien no es afecto al ramo de religión. La religión se pone en un ámbito de superioridad moral que degrada el valor a la divergencia de conciencia y pensamiento. Por su puesto que esto es al margen de las diferencias especiales de los alumnos que requieren tratamientos académicos diferenciados ya sea para sacar una dificultad adelante o fortalecer talentos valiosos.

Como hemos dicho en otras oportunidades, la religión organizada, en su esencia, es excluyente, discriminatoria e intolerante. Entonces, ¿por qué un Estado que dice ser laico, aunque en su forma no lo sea, que separa el poder del Estado de las confesiones religiosas, financia y tolera el patente agravio que ejercen las religiones sobre la sociedad? si hablamos de discriminación e intolerancia basta con poner atención sobre la opinión de los grupos religiosos en, los llamados por ellos mismos, “temas valóricos”,  a través de los cuales discriminan y persiguen a los que intentan ejercer derechos civiles y libertades humanas reconocidas internacionalmente, sólo porque no caben en sus dogmas y restricciones religiosas. Todo esto ha influenciado el sistema social y, como consecuencia, termina en políticas públicas que vulneran las libertades y derechos sociales e individuales, e imponen deberes a la sociedad que un Estado laico no debiera permitir ni aceptar.

En búsqueda de un desahogo a tanto adoctrinamiento, un claro ejemplo de cambio de mentalidad social, desde la discriminación hacia la aceptación, es el camino recorrido por la comunidad homosexual. Aunque sigue siendo evidentemente discriminada hasta el día de hoy, este grupo ha dado gigantescos pasos hacia la integración social exponiendo valientemente en la palestra pública que a hombres y mujeres homosexuales o transgénero se les debe considerar como cualquier ciudadano, con plenos derechos y en igualdad de condiciones. A la valiente comunidad LGBT aún les queda camino por recorrer para una integración plena e igualitaria, y mucho más camino nos queda por recorrer a los no creyentes, ateos y librepensadores por una plena integración y reconocimiento.

A la postre, lo que se vive en Chile y en otras regiones similares en materia de discriminación es poco en comparación a sociedades y Estados que no sólo discriminan, sino que además intentan eliminar cualquier tipo de librepensamiento o libertad de conciencia utilizando para ello el terror, la violencia, la tortura, el homicidio y la total injusticia. Todo esto respaldado por las religiones organizadas que han invadido todo aspecto de la vida social y personal. Basta ver lo que pasa en países de confesiones oficiales fundamentalistas como lo son varias naciones islámicas y en varios Estados occidentales cristianos, o el caso de los EEUU, donde los no creyentes, ateos y librepensadores son discriminados y perseguidos.

Al menos la sociedad chilena ya superó ese estado de barbarie. Nos regimos por un Estado de Derecho y respetuoso de la individualidad humana, aunque eso si, en la “medida de lo posible”. Es por eso que en esta sociedad que los no creyentes, ateos y librepensadores no han terminado empalados en piras incendiarias como en los viejos tiempos.

Tan sólo leer la Biblia (que es dictada en las clases de religión porque la inmensa mayoría consiste en el adoctrinamiento católico o protestante emergente) en casi cualquiera de sus pasajes comprueba que es un tumulto de encono frente a la libertad y divergencia de conciencia.

La historia es un largo compendio de la violencia ejercida hacia la divergencia de pensamiento.

Entonces, no es extraño encontrarnos con numerosos casos de no creyentes, ateos y librepensadores que sigan temerosos de su divergencia en materia de fe; temerosos de expresarse públicamente, con miedo a represalias y discriminación por parte de una sociedad adoctrinada religiosamente desde el aula pública que financiamos todos.

En los tiempos actuales, amparados por un Estado que dice ser laico, en pleno Estado de Derecho, en defensa y promoción de los derechos humanos (“en la medida de lo posible”), de todas maneras vivimos en una sociedad que fomenta la igualdad, la tolerancia, la aceptación y la libertad de expresión, que inequívocamente es heredera de la Ilustración, el Iluminismo, a través del conocimiento compartido, constatado y demostrado. Todo ello fruto de valientes librepensadores que en tiempos de tinieblas comenzaron a iluminar el sendero que conduce a la realidad, a la divergencia de conciencia y a la libertad de pensamiento pese a la violencia y al odio imperante que aquellos primeros tiempos. Es un asunto serio que en esta  sociedad un no creyente, ateo y librepensador tenga que esconder su libertad de conciencia y su acervo cultural por temor a la exclusión y la intolerancia.

Que en la sociedad un ateo no se sienta con la misma libertad y amparo que un creyente es un tema del que tenemos que hacernos cargo y eso parte por el aula pública.

Por eso uno de los objetivos de la Fundación Sociedad Atea Chile, además de ser un espacio de reunión y expresión para los no creyentes, ateos y librepensadores, también tiene por objetivo el ejercicio intensivo del ateísmo militante y su expresión pública para que éste deje de ser un tabú y empiece a ser reconocido nuestro derecho a ser considerados con igualdad ante todos los ciudadanos, una búsqueda de integración que debiera partir desde el aula pública, de manera objetiva e imparcial, sin exclusión, sin discriminación y sin temor.

Anuar Rabi

Presidente Fundación Sociedad Atea Chile.

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