Marie Curie

Marie Curie

Es fácil – y común – pensar en personas violentas cuando se habla de “héroes”. ¿Lo han notado? Con contadas excepciones, cada país moderno los tiene y glorifica: libertadores, conquistadores, generales, emperadores y honorables guerreros; la epítome de nuestros logros como especie, exaltada en la forma de estatuas que adornan nuestras plazas y palacios; el modelo a seguir de niños y jóvenes alrededor del mundo. Qué poco patriota es cuestionar su legado; qué indiscutiblemente justas sus guerras y batallas, luego de las decenas, cientos o miles de años que hemos tenido para reflexionar sobre ellas. Una pobre reflexión ha de ser, la verdad, la que al parecer no nos lleva a preguntarnos “¿para qué?” o “¿por qué?”. Si lo hiciésemos, quizá nos daríamos cuenta – como bien lo dijo Sagan – que toda esa matanza y derramamiento de sangre que glorificamos ocurrió solo para que los habitantes de un rinconcito de este pálido punto azul que flota en el infinito, pudieran declararse señores de algún otro rinconcito, habitado por seres casi indistinguibles.

Irónico, que una sociedad deplore la guerra, pero exalte el honor y el estatus del soldado.

Soldados EEUU en Irak

Soldados EEUU en Irak

Mientras tanto, los verdaderos héroes, esos hombres y mujeres que han llegado más lejos, intelectual o físicamente; los que han vencido a las adversidades para avanzar por caminos que nunca nadie ha recorrido antes, son apenas nombrados en las escuelas, como si de alguna trivia inútil – destinada a ser olvidada tan pronto pase la prueba – se tratara. Pitágoras, Copérnico, los Wright, Galileo, Marconi, Hershel, Curie, Franklin, Pasteur, Da Vinci, Newton, Hipatia, Ford, Kepler, Edison, Einstein, Aristóteles, Bose, Darwin, Hawkins; los verdaderos héroes de la humanidad, todos vistos por encima en alguna clase de “ciencias”, mientras se nos va la vida estudiando la victoria o derrota militar de algún tirano. ¿No deberían ser de estas personas las estatuas en nuestras plazas? ¿No deberíamos celebrar sus logros cada año mucho más que la conmemoración de la declaración de guerra de no-se-y-no-me-importa?

Qué diferente sería tu vida sin este sencillo invento

Bombilla Eléctrica

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¿Por qué nos empeñamos en elegir un bando y adoptar a sus “héroes” cuando hay tanto heroísmo que trasciende a los

colores de la bandera o de la piel? ¿No flota la Luna sobre todas nuestras cabezas sin importar en qué país hayamos nacido? ¿No hemos visto todos – en algún momento – ese disco plateado con admiración? La omnipresencia del satélite natural de La Tierra – así como del resto del universo que adorna nuestras noches – en todas nuestras diversas culturas nos brinda una oportunidad de unidad que no debemos desaprovechar. ¿Te das cuenta de que hay personas que han caminado – con base en mucho esfuerzo y riesgo – sobre ese disco plateado que brilla por las noches? ¿Alcanzas a concebir la magnitud de ese logro? Cuando veo a ese par de figuras caminando con un flote “antinatural” en la baja gravedad lunar, me llena del orgullo que tantas veces falló en provocarme la batalla de X o Y, en clases de historia.

Los siento, Bolívar, Washington, Churchill, pero no será de esto que le hable a mis nietos

Les digo, Neil Armstrong, Buzz Aldrin y los otros 10 hombres que han caminado sobre La Luna son mis héroes – deberían también ser los suyos – pues han causado que sienta admiración por nuestra especie cada vez que la veo brillar en el cielo. El universo nos llama a reconocer nuestro lugar en el mismo, y a que seamos todos héroes, a nuestra forma.

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