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Iglesia y Estado («Corte Suprema»)

Después de muchas noticias, columnas y declaraciones acerca del problema de las clases de religión en la educación pública, entre personajes públicos, agrupaciones y personas naturales desde las redes sociales, ha comenzado a salir a flote una tendencia que intenta redefinir al laicismo como una especie de «integración» de la religión a los asuntos públicos. Una deformación arbitraria y nociva del, hasta ahora, sencillo concepto de laicismo.

Laicismo, aquí y en la quebrada del ají, es la idea de mantener separada a la religión del Estado. Consiste en mantener un Estado neutral con respecto a los cultos religiosos, permitiéndolos, pero no haciéndolos parte de sus directrices. Esto porque un gobierno debe legislar para todas las personas del territorio, sin hacer distinciones por sexo, ni raza, ni color, ni religión, ni opinión política, ni nada. Si sería inadmisible que un gobierno quisiera crear leyes especiales que diferencien a personas de origen latinoamericano vs. personas de origen asiático, ¿por qué entonces hay leyes que dan beneficios especiales a los que siguen alguna religión, e incluso llegando a excluir a quien no lo hace? El laicismo, por tanto, resuelve esto alejando la influencia de la religión de la toma de decisiones de un Estado.

Un Estado que no fuera laico, por otro lado, sería un Estado religioso que privilegie a estos cultos. Un Estado que se deja influenciar por la religión y que crea leyes que las privilegian, no es por ningún motivo un Estado laico; es religioso. Dejen que la religión adquiera más y más poder en un gobierno y van a terminar con ISIS o, remontándonos a la época en que el catolicismo tenía el mismo poder, con la Santa Inquisición. Por suerte el humanismo nos da una guía moral mucho mejor que la que teníamos en esa época.

Actualmente si en medio de una plaza una persona decide ponerse a gritar un domingo por la mañana, podría llegar carabineros y detenerlo por alterar el orden público, o algo similar, pero si se trata de un evangélico leyendo su libro a gritos, la ley de culto lo protege. Y hoy los colegios públicos tienen la obligación de impartir clases de religión para los alumnos del culto escogido, y el resto debe quedarse en la sala, viendo afectada su libertad de conciencia, o ser excluidos de su grupo de compañeros. ¿Realmente estamos aceptando estas injusticias y, al mismo tiempo, diciendo que supuestamente tenemos un Estado laico?

Tener un Estado influenciado de esta forma por la religión, si bien no es tan extremo como ISIS o, en su época, la Santa Inquisición, sigue siendo una situación injusta que afecta a las libertades de las personas. Actualmente, la ley de culto permite que las personas sean parte, libremente, de la religión que gusten, e incluso se les da más derechos que al resto, así que sería injustificado para el resto el seguir dándoles aún más libertades exclusivas. Le duela a quien le duela, el laicismo es una separación necesaria para poder vivir en un país más justo.

Pedro Stein G.
@DropeStein

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