aborto03El filósofo político John Stuart Mill decía que los países saludables suelen tener dos partidos: uno del orden y la estabilidad frente a otro de la reforma y el progreso. El primero busca conservar y el segundo cambiar el estado de las cosas. En el contexto chileno, estamos acostumbrados a que la derecha juegue el primero de esos roles cuando se trata de discutir los llamados asuntos “valóricos” (que usualmente están vinculados a la moral sexual y la autonomía de las personas).

A principios de los noventa, la mayoría de los parlamentarios de la UDI y RN se opusieron a la derogación del hasta entonces delito de sodomía. Más tarde se opusieron a la eliminación de la categoría de hijos ilegítimos y a su igualación legal con aquellos nacidos dentro del matrimonio. Apenas un puñado de ellos prestó su voto para la –entonces controvertida- ley de divorcio. El grueso de la Alianza también dijo que no cuando llegó el momento de evaluar la disponibilidad de la pastilla anticonceptiva de emergencia o “píldora del día después”. Lo mismo han venido haciendo sus senadores y diputados respecto del llamado “Acuerdo de Vida en Pareja”. En casi todos estos casos, la derecha chilena ha resistido los proyectos pero finalmente ha perdido. Contrariamente a lo que se dijo en cada debate, Chile no se ha venido abajo ni sus costumbres se han corrompido dramáticamente. Por eso la historia no suele ser benevolente con aquellos que en momentos claves parecen retrasar su avance.

Cuento viejo que la semana pasada revivió con la propuesta del gobierno de despenalizar tres tipos calificados de interrupción del embarazo: para salvar la vida de la madre, en caso feto inviable y producto de violación. Una vez más, la UDI y RN (más una fracción de la DC) anunciaron su rechazo. Como son minoría –en el Congreso y en términos de opinión pública- es probable que el proyecto prospere y la derecha nuevamente quede al lado del camino. Por supuesto, el miedo a quedar como un sector retrógrado ante los ojos de la historia no constituye una razón para cambiar de opinión en un asunto tan sensible como éste. La derecha tiene todo el derecho de oponerse como lo ha hecho tantas veces. De esa manera, además, cumple con representar fielmente a su electorado.

Lo que sí tenemos derecho a pedirles es que no se resten de esta conversación y que participen en ella poniendo sobre la mesa su mejor batería de argumentos. No es antidemocrático oponerse al aborto. Lo antidemocrático es vetar la deliberación pública. Esta puede ser también una gran oportunidad para demostrar que en pleno siglo XXI la derecha chilena no legisla con la Biblia en la mano. Las razones que fundamentan la negativa de la UDI y RN no se agotan en la religión sino que se extienden a una interesante interpretación de los derechos humanos. Es una buena prueba de civilidad que ofrezcan a sus compatriotas razones públicas y no sólo aquellas que pueden ser compartidas por los creyentes. Aunque al final del día el proyecto se apruebe, la historia al menos dirá que perdieron en buena lid y haciendo el mejor esfuerzo republicano.

Fuente: Las Últimas Noticias (26/05/2014)

Facebook Comments