Porque por algún motivo nadie logra ponerse de acuerdo en las trilladísimas discusiones acerca de la causa de los atentados terroristas. Unos dicen que es la religión, pero después otros dicen que eso es una generalización injusta y apuntan a la política; luego otros responden que eso es algo demasiado amplio y apuntan al exceso de poder, y ahí los primeros muestran líderes justos, terminando todo convertido en un debate interminable.

Sin embargo sí hay un elemento que se repite en todo tipo de atentado terrorista reciente, desde Charlie Hebdo hasta el intento de atentado ayer en Alemania con un camión de explosivos disfrazado de ambulancia. Y no, no es el Islam, porque existen muchos seguidores del Islam que no obedecen al Corán y no atacan a nadie. Hay un elemento en particular que hace posible que personas decidan voluntariamente acceder a amarrarse un puñado de explosivos y reventarse para matar a otros, y ese elemento es el que solemos llamar «fe».

La fe es el acto de considerar algo como real sin tener evidencias que lo sustenten. Y aunque a los apologistas religiosos les guste decirlo de formas más pomposas y bonitas, como: «La fe es el observar lo que no se ve», «Fe es conocer lo que está más allá de lo evidente», o incluso: «La fe es un acto de amor hacia Dios», todas y cada una de esas definiciones siguen tratándose de simplemente creer que algo es cierto, a pesar de no haber evidencia alguna que lo demuestre. No por nada se considera que la expresión «fe ciega» es una redundancia.

¿Y qué ocurre cuando se tiene a personas con una total disposición a creer lo que se les dicta, sin necesidad de darles una buena razón? ¿Qué se puede llegar a hacer con personas que adoptan posturas de vida sin ningún respaldo? Mediante la fe, es posible hacer que una persona crea, con certeza, que al morir se irá a un mundo paradisíaco; que existe un ser superior y mágico que premia en abundancia a quien mate a otros por no creer que ese ser exista. Esa supresión del pensamiento crítico permite que una persona crea hasta en las ideas más absurdas y despiadadas.

Si una persona no se guía por la fe, sino por el pensamiento crítico, ¿cómo la convencemos de que si se suicida en un ataque con una bomda se irá a un paraíso?

Y ahora hay un montón de gente que, tratando de defender ese pensamiento crédulo (probablemente por que lo usa), dice que esos terroristas solo eran tipos desquiciados con ganas de morir… ¿Realmente creen que es más sencillo encontrar 35 psicópatas deseando suicidarse con bombas, que simplemente aprovecharse de la credulidad humana que genera la religión? Y hablo de exactamente la misma credulidad que hizo que la gente celebre el quemar vivos a otros en una plaza, que se lancen con un avión contra un edificio en un ataque suicida, que encuentren inmundos y despreciables a quienes tienen otro gusto sexual, y ahora que decidan degollar a niños y suicidarse para matar inocentes en plena calle.

¿Por qué se le está dando valor al creer en ideas caprichosas sin motivos consistentes? ¿Y por qué se evita mencionarlo? Todos y cada uno de los actos violentos y barbáricos de las religiones se han podido llevar a cabo gracias a que sus ejecutores se negaron por completo a cuestionarlos. No por nada hay religiones que promocionan explícitamente el tener fe, elevándola hasta llamarla una «virtud» y un «acto de amor».

¿Por qué evitamos a toda costa criticar la fe? ¿Hemos reflexionado lo suficiente esto, con sinceridad?

Pedro Stein G.
@DropeStein

 

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