religión enfermedad“Para estos niños, una práctica con exceso de celo de su fe familiar –o incluso de otra fe– puede ser un signo de un problema de salud mental subyacente o un mecanismo de defensa para lidiar con el trauma o el estrés sin dirección”. Revista Time.

En entrevista con Radio Zero, Anuar Rabi, presidente de la Fundación Sociedad Atea de Chile, fue consultado por un artículo publicado en la revista Time (ver traducción), en el cual se asocia el sentimiento de fervor y religiosidad a ciertas conductas patológicas de salud mental. Rabi señala: “La religión es una enfermedad social. En todo el mundo se cometen graves violaciones a DDHH, asesinatos, guerras (…) No se trata meramente de cubrir el cuerpo femenino: a las mujeres las castran por motivos religiosos, y sumemos ejecuciones públicas, lapidaciones y toda clase de crímenes y atropellos contra las personas, de los cuales Occidente no está exento, pues la situación se ha salido de control”.

Rabi señala que la religión se sustenta en la necesidad de vincularse a un grupo. En ese sentido, como enfermedad social, saca lo peor de nosotros: “las religiones hacen que personas buenas y bondadosas se vinculen a actos maliciosos”. Como dice un amigo mío: es muy difícil ser católico y ser una persona decente. Esto si consideramos que casi todos fuimos bautizados a la fuerza e indoctrinados desde pequeños, pero, aun así, se espera que personas adultas, informadas y conscientes se hagan responsables de los actos, creencias y consecuencias que apoyan y respaldan con su profesión de fe. Además, todos oímos brutalidades que personas buenas y sanas dicen, contra todo sentido común, por adherir a cierta doctrina o seguir a cierto ministro o santo en vez de pensar por sí mismos. Si Ud. perteneciera a un club deportivo o partido político que destinara recursos a abusar y violar niños, asegurándose de que estas violaciones sexuales sean encubiertas, impunes, efectivas, sistemáticas y sostenidas en el tiempo, ¿seguiría adhiriendo a ese club? Como señaló el director de un crudo documental sobre este tema: “¿No? Entonces, ¿por qué sí adhiere a una iglesia que comete tales actos?” Cuando la lealtad limita con el fanatismo, podemos hablar de una enfermedad social.

Los creyentes no son personas enfermas, pero las religiones abrahámicas son enfermedades que han infectado Occidente y Oriente próximo desde sus cimientos históricos. Guerras, torturas brutales, censura, persecuciones, encarcelamientos, odio; todo esto contra mujeres, homosexuales, judíos, paganos, ateos, aborígenes, sólo por no pertenecer a estos grupos religiosos que dicen predicar el amor. Guerras santas mutuas entre cristianos y musulmanes. Odio y tribalismo que perdura hasta hoy: el Catecismo oficial de la Iglesia Católica Romana afirma que “todo aquél que conoce a la Iglesia Católica y no adhiere a ella, niega su propia salvación”. La adhesión a un grupo torna en la forma más brutal de tribalismo: nosotros, los buenos. Al resto le espera tormento y sufrimiento por la eternidad sólo por no compartir mi verdad.

monjasVolviendo al artículo de la revista Time, es bien sabido que las compulsiones más frecuentes en personas que padecen un desorden obsesivo compulsivo son rezar, contar, lavarse y revisar. Los pacientes con un cuadro de TOC experimentan constantemente el temor vívido a una desgracia inminente, aun sin motivo. Tienen obsesiones: pensamientos angustiantes y repetitivos que no pueden controlar y que perciben como externos. Experimentan culpa y vergüenza sin razón. Desarrollan compulsiones: rituales de protección o actos repetitivos destinados a aliviar la ansiedad de sus obsesiones. Las religiones abrahámicas, por otra parte, exaltan la bajeza del ser humano; la desvalorización del individuo; crean la culpa, no sólo por nuestros actos, sino también por nuestros pensamientos y omisiones, por nuestra sexualidad, por nuestros instintos. Han creado una normativa sustentada únicamente en una fantasía y en un libro, anónimo en su mayor parte, escrito como mito fundacional de un pueblo antiguo. Esta normativa no se corresponde con las leyes civiles, los valores seculares o las normas básicas de convivencia, sino al contrario: penetran en el ámbito de las normas autónomas, que por definición no deberían tener sanción moral ni social. Los creyentes se esfuerzan por cultivar las mal llamadas “virtudes”, tales como: castidad y abstinencia sexual, caridad o asistencialismo barato, resignación o pasividad ante la vida, sacrificio, obediencia, observancia sin cuestionar, automortificación, ayuno, humildad o humillación ante su dios, por tamaña deuda, insignificancia nuestra y supuesta responsabilidad de la muerte de un dios, etc. Como señala Nietzsche, es la moral que tiene el sufrimiento y mal pasar, las virtudes ya mencionadas y el tribalismo, por lo “bueno”. Es completamente contraria a nuestra moral más básica de mamíferos, que tiende al bienestar, propio y de la especie, a evitar el dolor y a cohesionarnos como raza humana.

Ciertamente es una condición mental la causante de un cuadro de sicosis religiosa, o de conductas obsesivas, que van desde repetir oraciones y fórmulas sagradas como compulsión, a revisar libros y revistas por si se han plasmado sus pensamientos impuros o blasfemos. Pero la religiosidad agrava estos cuadros y produce graves retrocesos en los futuros tratamientos, tanto en materia de autoestima y autovalidación como de autoaceptación. La OMS define salud en el espectro físico, mental, emocional y social. La religión contamina las relaciones humanas en tanto el individuo se ve a sí mismo con cierta superioridad moral ante otros (virtuoso, hombre de fe, de Dios), juzga al otro, emite juicios de valor en vez de aceptarlo, trata de ajustarlo a parámetros propios y creados por la cultura religiosa. En breves palabras: sentir culpa por el Pecado Original de padecer la condición humana; buscar defectos y fallas en sí mismo y en el resto, contaminando la autoestima y las relaciones. Plantean estas sobrevaloradas “virtudes” como un medio nada menos que para ser dignos de ser amados, por este dios amigo y enemigo que ama de manera tan condicionada, y nos esclaviza con una supuesta libertad forzada a optar constantemente por él. En el caso de la sicosis religiosa, que provoca en pacientes una no funcionalidad en ciertos ámbitos de su vida, se ha confundido con santidad, con devoción, con “cargar con la propia cruz”. Se ha visto como una expresión de fe, como algo positivo, tal como advierte el artículo de Time sobre niños y adolescentes demasiado observantes y fervorosos.

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