Recientemente concluyó la XIV Asamblea General Ordinaria del Sínodo de Obispos, o Sínodo de la Familia, encabezada por Don Jorge Bergoglio, conocido como «El Papa Francisco», en la cual se intentó disminuir la exclusión que sufren muchos católicos por tener diferente orientación sexual o estructura familiar. El loable intento, que permitirá a algunos divorciados recibir la comunión y fomenta el respeto hacia los homosexuales, tiene un grave problema: contradice dogmas bíblicos y es por lo tanto, herejía.

Es cierto que la misma Biblia basta para contradecir a la Biblia, tanto en dogmas como fechas, eventos, lugares, etcétera, pero en aquella época resultaba más fácil hacer una corrección, puesto que bastaba con escribir un documento nuevo y atribuírselo a algún profeta antiguo o inventar alguna visita personal de Dios, avalando sus nuevas instrucciones y cambios de opinión con eclipses, terremotos y muertos levantándose de sus tumbas… El problema es que esas técnicas no funcionan en un mundo moderno con medios de comunicación y ciencias exactas.

En la actualidad es común encontrar la reedición de obras de ficción, conocido como retrocontinuar, o retcon en inglés. Pero cuando se trata de un trabajo de ficción clásico, y más aún si fue redactado en la antigüedad, como la Biblia, los nuevos añadidos no tienen el mismo peso. Y esto por más que un supuesto «Sucesor de Pedro», vistiendo una túnica anacrónica, publique «constituciones apostólicas» u otros documentos de nombres rimbombantes contradiciendo el libro original; de la misma forma que los diálogos de Brad Pitt en «Troya», pese al disfraz, no pueden reescribir las líneas de La Ilíada.

Un lamentable ejemplo de retcon...

Un lamentable ejemplo de retcon.

La decisión final de la Asamblea no fue cosa menor, generando acusaciones desde la misma curia al Sumo Pontífice por contradecir las palabras de Jesús respecto a los divorciados, aunque no es el primer Papa en llevarle la contra al famoso libro y ser acusado hasta por su propia congregación de herejía. Con el desarrollo social y ético se ha vuelto evidente que ciertas enseñanzas bíblicas (como la esclavitud o la inferioridad de las mujeres; que deben cubrirse, obedecer y guardar silencio, «porque es indecoroso que una mujer hable en la congregación»), no son aceptables en nuestros días, pero el avance ético y moral de la Iglesia va siempre a regañadientes y un paso más atrás que el mundo secular y tristemente llega a ser noticia cuando aquellos hombres célibes «descubren» que no es un pecado inmoral divorciarse o tener una distinta orientación sexual, y más aún, será noticia cuando un Papa (quizás este mismo) anuncie que tuvo un sueño y que ahora los homosexuales sí se podrán casar. ¡Sonarán bombos y platillos!, pero el mundo secular ya habría tenido la «revelación» con décadas de anticipación.

«Y yo os digo que cualquiera que repudia a su mujer, salvo por causa de fornicación, y se casa con otra, adultera; y el que se casa con la repudiada, adultera» –Mt 19:9

«(…) el divorcio adquiere también su carácter inmoral a causa del desorden que introduce en la célula familiar y en la sociedad,… por su efecto contagioso, que hace de él una verdadera plaga social». –Catecismo católico, numeral 2385

«La Iglesia sabe bien que una situación tal contradice el Sacramento cristiano». -Jorge Bergoglio, promoviendo la idea de dar la comunión a los divorciados,  5 de Agosto, 2015

Afortunadamente hay una solución para evitarles tanta contradicción a las futuras generaciones. Porque ya estamos cansados de esos cambios de un día para el otro: «Es pecado», «ya no es pecado», «es pecado nuevamente», o: «No hay purgatorio, pero sí hay infierno», «ya no hay infierno ni Satanás», «ahora hay infierno nuevamente; ¡mucho cuidado con Satanás!»… Simplemente adopten la ética humanista y dejen las sotanas y rosarios en los museos.

En el humanismo la búsqueda del bienestar empieza apreciando el valor humano, la diversidad, la tolerancia, la felicidad y la autonomía. No hace falta reconciliar textos de mitología ni antiguas adaptaciones del Código de Hammurabi con valores modernos. No hace falta un observador ni un juicio final para promover la ayuda o la comprensión al prójimo. Es simplemente lo que se busca por querer un mundo mejor ahora y no por ganarse un lugar en imaginarios paraísos futuros.

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