Hay dos buenas razones para recibir con relativo optimismo el aumento que, según el Censo 2012, experimentó la población no-creyente del país. La primera es que confirma la tendencia de que Chile sigue su camino hacia el desarrollo. La segunda es que ateos y agnósticos cada vez estamos menos solos.

La primera razón emana de una serie de patrones comparados. Se sabe que los valores racional-seculares priman en las sociedades más desarrolladas mientras los valores tradicional-autoritarios se imponen en los países pobres. No está claro qué factor es la causa del otro, lo único evidente es que existe una correlación. Suecia, Alemania, Noruega, Dinamarca y Japón son ejemplos de países ricos y escasamente religiosos. Guatemala, Pakistán, Egipto o Zimbabwe aparecen en el otro extremo de la tabla: devotos y con economías de subsistencia. Los únicos países desarrollados que no han abandonado su religiosidad son Estados Unidos e Irlanda.

Ahora bien, también existen países económicamente débiles con valores seculares, especialmente aquellos que estaban en la órbita soviética. Chile viene recién saliendo de la etapa de las necesidades materiales duras pero todavía comparte con el resto de Latinoamérica su orientación tradicionalista pro religiosa. La hipótesis es que a medida que siga progresando sus nuevas generaciones serán más educadas y autónomas. Sería cuestión de tiempo que comience a expresar valores racional-seculares. Vamos por buen camino.

La segunda razón apunta al corazón de lo que algunos llaman reconocimiento. La batalla por los derechos civiles de un determinado grupo comienza justamente cuando ese grupo deja de avergonzarse de su identidad. Ocurrió con los afroamericanos en los sesenta y con la población homosexual en los ochenta y noventa. Sencillamente se cansaron de ser observados con desprecio, compasión o extrañeza. Exigieron ser tratados como iguales. No es muy distinto a lo que ocurre con la población irreligiosa.

Algunos todavía creen, como John Locke, que los ateos no son dignos de confianza porque no pueden jurar sobre nada sagrado. El actual gobierno ha insistido en violar el principio de neutralidad estatal sosteniendo sin ambages que prefiere la espiritualidad religiosa. Es posible que miles de ateos y agnósticos tengan problemas en su entorno para reconocer que no creen en un Dios personal que actúa en tiempo real y les paree aberrante depositar esperanzas en un manuscrito incoherente de una edad primitiva.

Por tanto, es también posible que se vean afectados en su autoestima y valoración individual.  Subir de 8,3% a 11,5% no les cambiará la vida, pero es bueno saber que cada vez somos más, porque juntos siempre somos más valientes. El no-creyente pertenece a una minoría que en muchos sentidos es vulnerada por las desiguales condiciones epistemológicas y políticas de una sociedad como la chilena. Para dar la batalla por nuestros derechos es fundamental salir del closet y reconocer al otro que piensa igual. Estos dos dígitos indican que eso está ocurriendo. 

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