AFICHE_WEB_1Quiero partir agradeciendo a la última persona sentada allá atrás en el auditorio y desde ahí hasta los sentados en primera fila, por asistir hoy al lanzamiento público de la Asamblea de Organizaciones Librepensadoras.

A través de este foro panel sobre la Reforma Educacional, los librepensadores hemos convocado a tres panelistas de lujo a quienes agradezco profundamente a nombre de todas las instituciones que agrupa nuestra Asamblea que estén acá presentes hoy.

El senador Fulvio Rossi, la directora de política educacional de Educación 2020, Patricia Schaulson y el Presidente de la Federación de Estudiantes de la Usach, Takuri Tapia.

El librepensamiento es un método para investigar e interpretar la realidad emancipándose de todo dogmatismo.

Nuestra principal herramienta es el pensamiento crítico, por lo mismo, los librepensadores tendemos al análisis reflexivo de la realidad. Este ejercicio de coherencia y rigurosidad de pensamiento se refleja en un comportamiento libre de prejuicios y tabúes, es decir, tolerante y racional.

El librepensamiento fomenta espíritus libres y sensibles capaces de disfrutar la vida con intensidad, porque el abanico de experiencias significativas se abre cuando se derriban las barreras mentales.

Los librepensadores somos activos y pro activos, respetuosos e inclusivos, receptivos y sensibles, diversos, multiculturales, libres de fronteras, solidarios y empáticos, dinámicos y rizomáticos.

El librepensamiento no es un fin en sí mismo, es una herramienta puesta en marcha desde una identidad y cuando se obtiene algún éxito, desde allí toda la sociedad se vuelve un poco mejor, más justa, tolerante, racional, sanamente emotiva y capaz de disfrutar de la diversidad, para que cada persona pueda vivir en un entorno que le permita explorar toda su potencialidad con mayores grados de felicidad.

Pero no todo es color de rosa. Los librepensadores tenemos fuertes opositores. Algunos son claros y frontales, como los autoritarios, pero existen otros aún más difíciles de enfrentar, los conservadores. Éstos se resisten a todo cambio. Algo más ambiguos se presentan los elitistas que pretenden un librepensamiento sólo para un grupo reducido y finalmente los apáticos que reproducen discursos y utilizan su energía para descalificar nuestras luchas y catalogarlas de superficiales o innecesarias.

Pese a que el librepensamiento chileno tiene una larga tradición que se remonta a los orígenes republicanos de nuestro país, el conservadurismo religioso sigue siendo la fuerza que domina las políticas públicas e interviene en las decisiones de nuestros gobernantes.

Independiente de este poder invisible que viene ejerciendo en la élite económica y política, el conservadurismo va perdiendo fuerza en la sociedad. Prueba de ello fueron las cifras de la encuesta Latinobarómetro que en abril de este año revelaron que 1 de cada 4 chilenos no tenemos religión, manantial del conservadurismo moral.

Otro indicador, es el fuerte impulso que han tenido en los últimos años nuestras organizaciones librepensadoras, que en sus distintos radios de acción promueven el librepensamiento, la duda, la curiosidad y la crítica.

Pero hace poco, otro hito nos levantó aún más el ánimo a los librepensadores. La formación de la “Asamblea de Organizaciones Librepensadoras” que hoy agrupa y coordina a 12 instituciones a nivel nacional, y que nos pusimos como desafío enfrentar la agenda nacional de cambios, en especial lo relacionado con la reforma educacional, la nueva constitución y la agenda de los movimientos sociales.

Constatar que todas, o al menos la mayoría de las organizaciones librepensadoras, generaron un frente común, un bloque con el cual desafiar los paternalismos, los determinismos de conciencia, los dogmatismos, la ignorancia, la superchería y la hegemonía de estructuras de poder conservadoras y continuistas, es un orgullo.

Ser parte de este equipo humano es además un gran desafío. No es fácil motivar a tantos librepensadores a cooperar y construir en un esfuerzo colectivo una nueva sociedad, fundada en la libertad, en la diversidad y en una institucionalidad libre, capaz de garantizar una democracia real y participativa.

En definitiva, un real Estado Laico, que deje de financiar instituciones religiosas, que no subvencione el adoctrinamiento dogmático en los colegios, que le cobre impuestos a la iglesia católica, como le cobra a otros credos o a quienes no suscribimos a ningún credo. Sin privilegios ni ventajas por creer en un dios en particular.

¿Qué objetivo puede ser más noble que la búsqueda de la igualdad de derechos civiles? Nuestro Estado tiene que modernizar su concepto de laicismo, tal como otros países OCDE, con los cuales nos gusta tanto compararnos, debemos tener un Estado neutral respecto de los credos, no un Estado que subsidia y financia religiones, como sucede hoy.

Chile está recobrando su libertad de pensar, su libertad de mostrarse diverso y maduro. Es un trabajo de largo plazo y es complejo. Pero valdrá la pena todos este esfuerzo para poder decir con fuerza algún día, Chile Piensa Libre.

*Adaptación libre de las columnas “El activismo librepensador” de Fernando Lozada y “Chile Piensa Libre” que publiqué en El Quinto Poder.

Facebook Comments