IGLESIA-ESTADOLa Sociedad Atea declara, luego de haber elaborado y discutido al interior de la Fundación, su visión sobre el Estado Laico y la Educación Laica. El texto que subimos a continuación está basado en los puntos que tenemos en común con el Partido Radical, el Partido Progresista y otras corrientes políticas que abogan por el laicismo y la separación entre el Estado y la Iglesia. Además, incluimos ideas coincidentes con la carta de la laicidad de Francia.

Estado Laico

La Fundación Sociedad Atea de Chile, compuesta por librepensadores, laicos, agnósticos, escépticos y ateos, tiene la convicción de que el pluralismo, la aceptación de la diversidad, el respeto y la promoción de las libertades personales y colectivas, son la base de un Estado Laico. En un país laico la sociedad acepta el laicismo, el agnosticismo y el ateísmo con naturalidad.

El pilar fundamental de este entendimiento desde la diferencia, es tener un real Estado laico, una sociedad que respete a todos por igual sin importar si cree en uno, varios o ningún dios. Aspiramos a tener un país con desarrollo sustentable, basado en la ciencia, la tecnología y regido por valores acordados por la sociedad en su conjunto.

Nuestra meta es equiparar los derechos de las personas ateas con las creyentes y generar conciencia social para que no se discrimine a nadie por sus creencias.

La situación actual del país es una separación poco clara entre la iglesia y el Estado. En el Artículo Cuarto del Capítulo I de la Constitución de 1980 la definición del nuestro estado es: “Chile es una república democrática”. Con esa ambigüedad, la dictadura evitó señalar que nuestro Estado es Laico. A través de este vacío constitucional se puede señalar con propiedad que nuestro país NO es un país laico. Es fundamental para tener la categoría de Estado Laico que la redacción del texto jurídico lo diga expresamente. Ideal sería “Chile es una república laica y democrática” o en su defecto “Chile es un estado laico democrático”.

Una nueva constitución debe otorgar plena igualdad de derechos a todos los credos, y deberá suprimir de la ley y de las reglamentaciones relativas a los poderes del Estado toda referencia a juramentos, libros o símbolos de índole religiosa.

También todo símbolo religioso deberá ser eliminado en dependencias públicas como edificios, patios, oficinas y otros lugares de acceso público que le pertenezcan al Estado. Esto incluye el Palacio de Gobierno, los Ministerios, Seremías, Intendencias, gobernaciones, y otras reparticiones estatales. Además de hospitales, cárceles, escuelas, municipios, entre otros.

La religión debe ser considerada como una opción personal válida, garantizada en el ámbito privado, en templos destinados a tales fines, o incluso en espacios públicos, mientras no coarten la libertad de otras personas con las que compartan ese sitio.

Un Estado que no es laico, no puede ser completamente democrático. En un Estado democrático, los poderes públicos no tienen legitimidad alguna para propiciar la implantación de unas u otras opciones religiosas o ideológicas por sobre otras, en especial, entendiendo la naturaleza esencialmente discriminatoria e intolerante de las ideologías religiosas, lo que impide la igualdad de derechos de todos los ciudadanos.

El país debe avanzar hacia una equidad e igualdad ante la ley de todos los credos, en donde pertenecer a una iglesia en particular no signifique beneficios como exenciones tributarias, o recursos del Estado para labores de promoción y difusión de ningún credo.

La codificación de un Estado Laico dentro de la Constitución es una labor clave para consolidar un país que respeta por igual a toda opción espiritual en donde cada acto que realice esté bajo una condición secular y neutral establecida constitucionalmente.

El Estado laico al cual aspira la Sociedad Atea promueve un ambiente libre de dogmas religiosos donde no se privilegian determinadas formas de pensar o de creer. Esto se traduce en que el Estado debe garantizar que no haya lobby político ni influencia de creencias religiosas e intervención de las Iglesias en el diseño, elaboración e implementación de leyes y políticas públicas, así como garantizar el ejercicio de los derechos humanos de todas las personas por igual y una convivencia pacífica.

En particular, el Estado Laico debe velar por la no intervención de las religiones en temas que apuntan a secularizar la sociedad como son el matrimonio igualitario, el aborto y una revisión de las políticas de drogas.

Respetamos la libertad de culto y el derecho constitucional a realizar conmemoraciones religiosas conformes al credo de cada chileno y chilena. No somos anticlericales. Siempre hemos respetado y respetaremos los valores religiosos. Respetamos a quienes decidan libremente seguir los dictámenes de sus iglesias y están en su derecho a ejercerlo protegidos por el Estado, siempre y cuando no traspasen los derechos de los demás, ni se apropien de los espacios públicos, ni interfieran en las libertades individuales o colectivas del resto de los ciudadanos.

Todo chileno tiene el derecho a la libertad de conservar, profesar, practicar, cambiar o dejar de tener creencias, sin coacción ni más limitaciones que las necesarias para proteger los intereses colectivos y los derechos y libertades de los demás.

Nuestro modelo de Estado Laico es uno donde todos y cada uno de los chilenos y chilenas se sienta parte, sin discriminación, sin segregación.

Educación Laica

educación-y-religión-620x364Un Estado laico rescinde de la enseñanza religiosa y, por extensión, el Estado es independiente de toda influencia religiosa, tanto en su Constitución como en sus individuos.

Siguiendo esta premisa, en una Nueva Constitución se tiene que luchar para que sea derogado el Decreto Supremo 924, firmado el 12 de Septiembre de 1983, y que hasta el día de hoy regula la instrucción religiosa en todos los colegios de Chile. En dicho decreto se señala que “las clases de religión deberán ofrecerse en todos los establecimientos educacionales del país”.

Para un sector importante de nuestra sociedad, que incluye a ateos, agnósticos, escépticos, librepensadores e incluso laicos creyentes, la instrucción obligatoria de una determinada religión en los colegios es un acto de adoctrinamiento dogmático discriminatorio, arbitrario e inútil para el desarrollo educativo de los niños y jóvenes.

Nuestra propuesta como fundación es modernizar la manera en que se entrega este contenido a los escolares y cambiar las clases de “religión”, que hoy son una catequesis de una religión en particular, por “historia de las religiones”, en un módulo especial dentro del ramo de historia. De esta forma se garantizaría que los niños y jóvenes puedan conocer no sólo la religión que sus padres practican y les heredaron, sino que también toda la diversidad y el pluralismo de religiones que existen en Chile y en el mundo.

Nuestro país está preparado para educar a sus futuras generaciones con una impronta laica, pluralista e igualitaria. Tenemos que asumir este desafío como sociedad y luchar para que nuestra educación pública sea laica.

Una educación laica genera la apertura al diálogo, así como respeto por la diversidad y aceptación de opiniones distintas. La educación laica, además, tiene que recuperar el concepto de ciudadano y revalorizarlo.

No se puede dejar fuera de esta propuesta, el reincorporar las clases de educación cívica, que inviten a los estudiantes a interesarse activamente en lo político, desde su organización estudiantil, vecinal, barrial, comunal y nacional. Los niños de este país deben transformarse en una generación de ciudadanos. Lo que tenemos hoy es una generación de clientes.

Un Estado Laico debe garantizar a todos y cada uno de los ciudadanos que la educación obedezca a los principios laicos y seculares emanados del Estado y establecidos en la constitución, por tanto, queda fuera de este rol subvencionar escuelas o universidades que fomentan un credo en particular.

Si alguna de las Iglesias que nuestro país recibe dineros estatales para su labor educativa, debe garantizar pluralidad en el ingreso de sus estudiantes y secularidad al momento de su formación académica sin influir con un dogma en particular a los niños y jóvenes integrantes de sus establecimientos. En caso contrario estarían utilizando recursos de todos los chilenos y chilenas en beneficio particular de un sector, en desmedro del resto.

El Estado Laico garantiza el respeto a sus principios en las escuelas públicas. En la escuela ofrece a los alumnos las condiciones para forjar su personalidad les protege de todo proselitismo y toda presión que les impida hacer su libre elección.

Todos los estudiantes tienen garantizado el acceso a una cultura común y compartida.

Se asegura la libertad de expresión de los alumnos y se les garantiza el rechazo de las violencias y discriminaciones y la igualdad entre niñas y niños.

El personal escolar está obligado a transmitir a los alumnos el sentido y los valores del laicismo.

Los profesores tienen el deber de ser estrictamente neutrales.

Los alumnos no pueden invocar una convicción religiosa para discutir una cuestión del programa.

Nadie puede rechazar las reglas de la escuela del Estado invocando su pertenencia religiosa.

Por sus reflexiones y actividades, los alumnos contribuyen a dar vida a la laicidad en el seno de su centro escolar.

Nuestra meta, por la cual debemos movilizarnos todos los librepensadores, es concientizar sobre lo injusto que resultan estos beneficios a las iglesias y terminar con ellos. Sólo así Chile podrá avanzar hacia un horizonte más tolerante, respetuoso y diverso.

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