Con los últimos resultados del Censo realizado el año pasado, hemos recibido con alegría las cifras que nos instalan como el grupo que más creció en el país en los últimos 10 años en materia de creencias. Con este impulso, el último Censo indica que en la última década hay un aumento de 3.28% de los ateos y agnósticos (o como los llama el censo, ‘los que no reconocen ninguna religión’).

En el 2002 hubo un 8.3% de ateos sobre un universo de mayores de 15 años que sumaron 11 millones 226 mil 309 chilenos.

Mientras que en el 2012 un 11,58% del total de mayores de 15 años que esta vez son 13 millones 45 mil 880 chilenos, lo que totaliza 1 millón 494 mil 771 de chilenos ateos, o sea, un 3.28% más de ateos en 10 años.

Este resultado nos ubica como el tercer grupo más importante en Chile, en materia de creencias, sólo por debajo de los católicos y los protestantes.

La cantidad de no creyentes es una cifra muy superior a la cantidad de Testigos de Jehová (128.338) o los judíos (16.284) o los mormones (101.456). Es para celebrarlo y gritarlo.

En cambio, la religión predominante en Chile, la católica, ha bajado una vez más y cada día lo sigue haciendo. Pero estos números parecen no coincidir con nuestras proyecciones, con nuestra sensación de crecimiento y avance del pensamiento crítico en el país. Las falencias metodológicas evidentes de este Censo 2012, que planteó mal la pregunta sobre los credos, sobre la convivencia y otras más, arrojan número por decirlo menos, conservadores y engañosos.

Encuestas focalizadas y serias como la realizada en septiembre-octubre de 2012 por Adimark y la Universidad Católica reveló que el 19% de la población se declaró ateo, mientras un 18% es evangélico y un 59% católico.

En otro estudio de igual prolijidad y precisión realizado por la Universidad Diego Portales también revela datos similares ubicando a los sin religión, agnósticos y ateos en un tercer lugar con el 16,4%, mientras los católicos lideran las creencias de los chilenos con el 63,6%.

Con estos dos datos empíricos, sumado a las críticas metodológicas que ha recibido este último censo, pensamos que la baja de católicos en el país es mayor y el aumento de ateos también. Tendremos que esperar a que otra administración más profesional y menos conservadora realice un censo más serio y prolífico en el 2022, cuando, con nuestras proyecciones superemos el 20% de la población. 

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