Muchas personas me han preguntado, ¿por qué un Congreso Ateo?. La respuesta es fácil. Para conversar. Para abrir el diálogo en un país conservador como lo es Chile. Y producto de esa conversación desmitificar la figura del ateo. Y no sólo la del ateo. También del agnóstico, del escéptico y del que duda de la existencia de uno o más dioses.

Los no creyentes, no son ni peores ni mejores personas que los creyentes, ni tienen trastocados sus valores o serán castigados por pensar distinto. Todas las personas tenemos valores, afectos y convicciones. Ni mejores ni peores a las de los creyentes, simplemente distintas.

En ese sentido, será bueno discutir acerca de los temas que rodean las creeencias de una sociedad moderna como la judio-cristiana occidental en la que nos toca enfrentarnos. ¿Qué tan tolerantes podemos ser con quienes piensan distinto?

Esa respuesta la intentaremos responder este fin de semana en el Primer Congreso de Ateísmo, que esperemos nos sirva para sentar una base sólida, agrupar a quienes tienen intereses similares y articular una voz que pueda incidir en la sociedad.

Nos vemos este 10 y 11 de diciembre.

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