obispo bacarrezaDespués de las declaraciones del obispo Bacarreza (en la foto), ciertos católicos subieron y retiraron de Internet una fotografía de las tumbas de las mujeres Michelle Bachelet, Camila Vallejos y Karol Cariola, abortadas en un Universo paralelo por sus madres que pensaban como ellas.

Recientemente Sofía Wulf, directora ejecutiva de Voces Católicas, se convirtió en el blanco de duras críticas y, sobre todo, mofas, en redes sociales. La joven de 32 años fue invitada como panelista a un debate televisado en el programa El Informante, de TVN, al alero de que la Presidenta de la República propusiera legislar sobre el aborto terapéutico. Su desafortunada participación brilló por declaraciones tales como: no se debe legislar el aborto por violación porque las mujeres no se embarazan en la primera violación; o, dejemos la ciencia de lado, vamos al sentido común: cuando hay vida, hay vida. Su lamentable intervención en el debate provocó que se viralizara en Internet sus intervenciones públicas, como una entrevista a La Segunda el año 2013, donde asegura, entre lágrimas de emoción, estar enamorada de Jesús, su partner, a quien tutea incluso, porque el banquete del Señor es el mejor carrete. Las reacciones se dejaron oír: Gamba, The Clinic, Top 10 de frases de Wulf y compilaciones de tweets burlándose de la joven madre.

Ciertamente el problema no es de Sofía Wulf o de su devoción, sino de los organizadores del debate, en relación a las competencias y experticia necesarias para ser invitados a abordar el tema en un panel que requiere seriedad. Hubo cuatro participantes: dos pro life y dos pro choice; dos hombres y dos mujeres; dos médicos, una matrona y… Wulf, quien estuvo completamente fuera de lugar por su nula experiencia y competencia en la materia. Ya que fue invitada como portavoz de Voces Católicas, podemos preguntarnos, como preocupados ciudadanos de un Estado laico, qué rol podría desempeñar la religión (una en particular) en un debate que no es de moral sino sobre salud pública, como es el caso de fetos inviables, embarazos por violación/es y madres en peligro médico real por causa de un embarazo, muchas veces no deseado. Nadie ha visto que la Iglesia Católica participe a representantes del mundo secular para formular sus dogmas o ciertos aspectos de su doctrina, que muchas veces violentan la convivencia civil, y que deberían ser sometidos a la revisión de todos, si todos financiamos a esta multimillonaria empresa de la salvación con nuestros impuestos.

En un Estado laico, el ejercicio de la religión es permitido en el ámbito privado, al cual pertenece por definición, según la ley de libertad de culto, la cual garantiza la no obstrucción ni prohibición de los cultos, permitiéndose todos, mientras no atenten contra el orden público. No que el Estado promueva una religión en particular, o que diputados y senadores legislen según su credo o afiliación personal, asunto que los congresistas de la derecha chilena son duros de entender. Cuando Matthei prometió a los evangélicos no hacer en su presunto gobierno nada que contradijera la Biblia, no sólo demostró que como creyente no ha leído la Biblia (que ordena lapidar homosexuales, adúlteras, mujeres que tengan relaciones extramaritales; cubrirles el cabello, casarlas con su violador, les prohíbe estudiar, enseñar, etc., en pasajes que no están sujetos a interpretación), sino que demostró que poco y nada comprende del cargo al que postulaba como presidenciable de un Estado laico.

La Iglesia Católica ha perpetuado su culto básicamente bautizando bebés, y en gran medida en familias que ni practican el catolicismo (ni en sus ritos más básicos) ni adhieren a él más que confesionalmente, pero no a su doctrina, convenientemente desconocida a los feligreses, ni a sus autoridades y ministros. Yo mismo, ateo confeso, figuro aún en el registro de católicos de la Iglesia mientras no realice el trámite de la apostasía. ¿Cuántos serían católicos si el bautizo fuera en la mayoría de edad? Pero la pregunta más importante es: ¿qué representatividad real se adjudican pastores y obispos varios, o el cardenal Jorge Medina, cuando intentan obstaculizar la labor de nuestros gobernantes?

imagen abortoEl cristianismo se opone al aborto por cuatro razones: 1. Creen que en la concepción se crea una persona, criatura e hijo de Dios que posee alma (el alma de un adulto podemos suponer), y no meramente una célula con una nueva información genética. 2. Veneran el sacrificio y el sufrimiento, tal como adoran la imagen de un cadáver asesinado y la asocian a la máxima expresión de amor y sentido. Gustan de héroes, santos, mártires y mujeres sacrificadas que “cargan con su cruz” pese a las adversidades. El problema es que, en estas adversidades, las madres, sobre todo las madres solas, no reciben ayuda, no son cristianas necesariamente, ni pueden obligarlas a ser heroínas. 3. Denostan la vida pero son pro nacimiento. La tasa de abortos sería bajísima de no ser porque el catolicismo, en sus múltiples rostros, ha obstaculizado la implementación de una correcta educación sexual, especialmente en sectores más vulnerables. La cultura pro vida se ha opuesto a anticonceptivos, preservativos y a todo método que no sea la abstinencia, aun dentro del matrimonio (método Billings). La Iglesia oficialmente se opone a todo lo que no procrea; esto incluye sexo anal, sexo oral, masturbación, anticonceptivos, aborto y relaciones homosexuales. 4. El cristianismo ha fortalecido una sociedad hegemónicamente masculina y sexista, negando todo derecho a las mujeres. Es cosa de ver la Iglesia Católica: una institución formada por varones, sin sacerdocio femenino, que ha relegado a religiosas y laicas a labores principalmente domésticas o de acompañamiento.

Esto al alero de la más profunda hipocresía. Se han encontrado cementerios de fetos en conventos. Claustros de monjas para jóvenes de clase alta embarazadas fuera del matrimonio. Los doctores de la Iglesia y filósofos San Agustín y Tomás de Aquino permitían el aborto hasta que el feto pateara y diera signos de moverse. Pero al avanzar la medicina y la ciencia, la Iglesia ha supuesto su valiosa “persona” potencial de manera cada vez más prematura, con consecuencias nefastas en su fanatismo para la salud de ciudadanas católicas, ateas y paganas. Desde San Pablo y San Jerónimo han demonizado el sexo como mal menor para procrear. Han convertido a las mujeres en incubadoras. Bajo la idea de “palabra inspirada”, han contaminado el mundo moderno con las leyes de un pueblo nómade que apenas sobrevivía en el desierto. Esperemos que, en los debates que afectan a todos los chilenos, la esfera pública tome distancia de credos particulares. Apoyar la legislación y regulación del aborto no implica fomentar que las mujeres aborten (la tasa de abortos clandestinos es abismante, aun con riesgo vital y de cárcel). Por el contrario, además de que muchas desean el embarazo, al crear una educación sexual realmente laica, las mujeres que no desean ser madres no van a tener que lidiar con la opción de abortar, opción que es, para toda mujer, una decisión dura en caso excepcional de emergencia.

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