Cuando decimos que una película es un clásico, es porque esta logra trascender con sus recursos narrativos y visuales, la temporalidad de su origen, entonces esta puede ser encajada en varias sociedades y culturas del mundo en distintas épocas sin perder el sentido.

Es el caso de El séptimo Sello o The seventh seal de Ingmar Bergman que nos da un mensaje explícito de lo que significa la desesperación de la población frente a una muerte colectiva inminente. ¿Acaso Chile no se encuentra asustado frente a la oscuridad y la destrucción total?

La muerte es el hilo conductor de esta historia que se remonta al medioevo en el reino de Suecia, cuando la peste negra amenazo con exterminar al mundo conocido hasta ese momento y la miseria de una población dominada por el poder de Dios provoco el caos y el pánico.

¿Por qué Dios se esconde tras vagas promesas y milagros invisibles?
¿Qué será de los que no quieren creer?
¿Qué será de los que nunca podrán creer?
¿Por qué no puedo matar a Dios en mi interior?
¿Por qué Dios me ha hecho vivir con esta angustia, de modo tan humillante?

Estas preguntas representan el vacío existencial que experimenta el protagonista, un noble caballero que vuelve a Suecia después de la guerra en tierra santa; es el mismo vacío que sienten muchas personas en estos momentos de amenaza.

Respuestas claras sobre la vida, entendida desde un punto de vista filosófico y sin Dios, son la manera de provocar reflexión y acabar con los miedos y abismos existenciales provocados por siglos de dominación psicológica.

– Quien eres?
– Soy la Muerte.
– Vienes por mi?
– He estado a tu lado durante mucho tiempo.
(…)
Dichos de los primeros minutos de la película.

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